Antecedentes
 
 
 

La crisis del rendimiento escolar en los barrios marginales:        
         
Antecedente para la búsqueda de sistemas complementarios para su mejoramiento.

La crítica situación económica de miles de ecuatorianos, que residen en situación de extrema pobreza y la ausencia de condiciones mínimas para el desarrollo de las tareas escolares, imposibilitan el adecuado aprovechamiento de los conocimientos adquiridos durante las horas formales de estudio.

Estas limitaciones traen como consecuencia el aumento de la brecha que existe entre los estudiantes de los barrios marginales y aquellos de las clases económicamente más pudientes, provocándose limitaciones marcadas en los rendimientos escolares, restringiéndose de esta forma, de modo casi espontáneo, la libertad de oportunidades para el mejoramiento futuro de las condiciones de vida. Esta limitación impedirá en el futuro la disminución de la pobreza, lo que traerá como consecuencia mayores niveles de conflictividad social.

Puntos críticos

Ausencia de condiciones mínimas necesarias para la elaboración de tareas escolares: escasa luminosidad, deplorables condiciones de  salubridad; falta de estaciones de labores adecuadas (mesas, sillas, etc.).
Ausencia de libros de consulta, acceso a Internet; fotocopiadora, etc.
Altos costos de servicios similares prestados por establecimientos comerciales privados.
Ausencia de una infraestructura operativa que proporciones medios para actividades extracurriculares (charlas, conferencias,  seminarios, etc.).
Inexistencia de mecanismos adecuados de medición del rendimiento escolar.

Una oportunidad para las libertades

Casi nadie duda en el Ecuador que los estudiantes de los mejores colegios tienen mayores oportunidades de alcanzar altos grados de bienestar que aquellos que cursan en colegios con deficiencias.  Y casi nadie duda que si la educación se logra en condiciones adecuadas de   comodidad y de acceso a tecnología, las posibilidades de lograr el reconocimiento efectivo de las libertades se vuelve mayor que para aquellos que deben desarrollar sus esfuerzos en condiciones paupérrimas.

Estas diferencias en la educación han provocado en la práctica una situación adicional, que consiste en el desmerecimiento o creación de una categoría especial de personas: los pobres. Esta categoría especial siente no únicamente una marginación en ocasiones derivada de factores raciales, sino y especialmente, basada en diferencias culturales vinculadas con el grado de educación.

Esta realidad, que se constata en el trato que se suscita entre particulares, ha llegado también, como era de esperarse, al trato derivado del ejercicio del poder.

No ha sido infrecuente que los gobiernos hayan desarrollado programas asistenciales estructurados para esa condición especial de ciudadanos que han considerado inferiores: leche para pobres, vivienda para pobres, red de bibliotecas populares, bono solidario y así por el estilo, programas que se han caracterizado no precisamente por su calidad, sino por su adecuación a esa categoría especial que constituyen los pobres en el Ecuador. Si se considera que los pobres constituyen una categoría inferior de personas, entonces los programas se diseñan para esa categoría inferior, lo cual termina por eliminar la autoestima de millones, haciéndoles creer que son efectivamente inferiores.

Es indudable que una sociedad como la ecuatoriana, carente de oportunidades, ha encontrado en la visión paternalista del Estado y en la dádiva que los caudillos han administrado con cuentagotas, probablemente los únicos medios para intentar superar la extrema pobreza, aunque al hacerlo se hayan acostumbrado a aceptar como normal aquello que otros ecuatorianos no tan “indignos” jamás toleraría.

Esta realidad tiene que modificarse. Los mecanismos pueden ser diversos, aunque es posible contraponer dos concepciones claramente enfrentadas. La primera, defendida por quienes sostienen que el Estado asistencialista tiene la obligación de proporcionar mínimos de “bienestar” para aquellos más necesitados: un ejemplo de esta tendencia es la de quienes promocionan el bono de la solidaridad. La segunda, la de quienes creemos que el Estado debe brindar las herramientas para permitir que los propios ciudadanos alcancen, fruto de su esfuerzo directo, el tan ansiado bienestar. Es decir, la concepción del Estado paternalista se enfrenta a la del Estado facilitador.

Tomemos como ejemplo el bono de la solidaridad. Creado en el gobierno del Dr. Jamil Mahuad, gobierno de derecha tradicional, se lo ha mantenido e incrementado durante el gobierno actual, de tendencia de izquierda. Aproximadamente un millón de personas reciben en la actualidad el bono de US$30 dólares mensuales. Es decir, el Estado ecuatoriano regala mensualmente US$30`000.000 de dólares. Este dinero no crea ni un solo empleo. No genera ninguna industria. No proporciona posibilidades de cambio de ninguna naturaleza y lo que es peor, gran parte de él se destina indirectamente a las empresas multinacionales de telefonía. ¿Quién no tiene en la actualidad teléfonos celulares?

Este dinero no cambiará la vida de millones de niños y adolescentes que se verán en los próximos años enfrentados a la necesidad de subsistir y progresar y que al verse imposibilitados de hacerlo, engrosarán la fila de “pobres”.

¿Qué cosas se pueden hacer con US$30`000.000 al mes? Muchas sin duda, entre las cuales tal vez la mejor sea invertir en educación, a efectos de proporcionar a los más pobres precisamente el reconocimiento pleno de su dignidad a través de la generación de condiciones para que las tareas de formación educativa  puedan efectivamente lograrse.

¿Por qué únicamente las clases sociales media y alta tienen la opción de realizar las tareas escolares en condiciones dignas? ¿Existe la misma oportunidad para progresar si se realizan las tareas escolares en un ambiente agradable, con aire acondicionado, con acceso a Internet, con suficiente alimentación, con suficientes textos de consulta, y con suficiente espacio que si se las realiza en habitaciones diminutas, sin ventilación, sin alimentación, sin textos de consulta y sin facilidades de Internet? ¿Quiénes tendrán un mejor futuro?Sin duda alguna, la educación constituye ese motor capaz de abrir las puertas a las oportunidades y con ello propiciar que las libertades de los hombres cobren plena vigencia.  La educación es entonces una verdadera oportunidad para las libertades.
 
 
 
 
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